La sucesión contractual en Euskadi

Una de las instituciones jurídicas en materia sucesoria que contempla y regula la Ley de Derecho Civil Vasco de 25 de junio de 2015 es la llamada sucesión contractual, que la ley denomina pactos sucesorios. Se trata de una figura prohibida en el Código Civil español (artículo 1.271), pero admitida ampliamente en las legislaciones forales vigentes en varias Comunidades Autónomas y, entre ellas, en el Fuero Civil de Vizcaya contenido en la Ley de Derecho Civil Foral del País Vasco de 1992, que la nueva ley deroga. La ley aprobada por el Parlamento Vasco permite que cualquier ciudadano con vecindad civil vasca pueda otorgar pactos sucesorios.

¿Qué son los pactos sucesorios?

El pacto sucesorio puede ser definido como un título sucesorio, al igual que el testamento o la declaración de herederos abintestato, en cuya virtud dos o más personas acuerdan y ordenan la sucesión hereditaria de uno de ellos, designando sucesor al efecto.

Por otra parte, la ley considera también como pacto sucesorio, salvo estipulación en contra, las donaciones mortis causa de bienes singulares, que son aquellas donaciones que se refieren a bienes concretos y que producen efecto a partir del fallecimiento del donante, y las donaciones universales inter vivos, que son aquellas que comprenden la totalidad de los bienes del donante.

A diferencia del testamento, que puede otorgarse a partir de los 14 años de edad, salvo el testamento mancomunado o de hermandad que requiere mayoría de edad o al menos estar legalmente emancipado, para otorgar un pacto sucesorio la ley exige la mayoría de edad y que se otorgue en escritura pública ante notario.

¿Cuál es el contenido de los pactos sucesorios?

El pacto sucesorio es un instrumento jurídico por medio del cual una persona, llamada instituyente, nombra sucesor en su herencia (instituido) y dispone de sus bienes mortis causa a favor del sucesor nombrado, pudiendo hacer la disposición de los bienes a título universal (heredero) o particular (legatario). Junto a este contenido típico, el pacto sucesorio puede utilizarse también para renunciar una herencia o parte de ella en vida del causante, así como para disponer de la herencia de un tercero con el consentimiento de éste.

El principio de libertad civil en que se inspira el Derecho Civil vasco, concede a los otorgantes un amplio margen para configurar el pacto y ordenar la sucesión, estableciendo para ello las condiciones, obligaciones, cargas y reservas que tengan por conveniente.

La designación de sucesor y la disposición de los bienes de la herencia a favor del mismo, puede hacerse de dos formas diferentes: con transmisión de presente al sucesor instituido de los bienes hereditarios o con transmisión de los bienes diferida al momento del fallecimiento del instituyente.

Cuando el pacto se hace con transmisión de los bienes de presente, el sucesor instituido adquiere la titularidad de tales bienes aún en vida del instituyente en la forma y con las limitaciones que se hayan establecido en el pacto sucesorio. Esto no obstante, será necesario el consentimiento conjunto de ambos, instituyente y sucesor instituido, para disponer o gravar los bienes transmitidos mediante el pacto sucesorio, salvo que se haya establecido otra cosa en el propio pacto.

Pero también puede otorgarse un pacto sucesorio con eficacia post mortem, en cuyo caso el sucesor instituido adquirirá los bienes de la herencia en el momento en que fallezca la persona que le nombró. El instituyente conserva durante su vida la titularidad de los bienes de la herencia y, salvo pacto en contrario, puede disponer de ellos a título oneroso.

¿Pueden dejarse sin efecto los pactos sucesorios otorgados?

El pacto sucesorio sólo puede revocarse unilateralmente por el instituyente, sin contar con el consentimiento del sucesor instituido, en una serie de supuestos concretos. Así, cabe la revocación del pacto por las causas previstas en el propio pacto sucesorio, por incumplimiento grave de las cargas o condiciones impuestas, por incurrir el instituido en causa de indignidad para suceder o de desheredacion o cuando el sucesor nombrado tenga una conducta que impida la normal convivencia de la familia.  Por otra parte, en los casos de nulidad, separación o divorcio de los sucesores nombrados o de extinción de la pareja de hecho, el instituyente podrá también revocar el pacto sucesorio si el mismo se otorgó en consideración a la existencia del matrimonio o de la pareja de hecho.

El pacto sucesorio queda también sin efecto cuando se cumple la condición cuya concurrencia estipularon los otorgantes como determinante de la ineficacia del pacto.

En los pactos sucesorios con eficacia post mortem, si el instituido como sucesor muere antes que la persona que lo nombró, su derecho se transmite a sus descendientes, y si el sucesor fallece sin descendientes el pacto sucesorio quedará sin efecto.

Fuera de los casos mencionados, para dejar sin efecto un pacto sucesorio se requerirá el consentimiento de las dos partes que intervienen en su otorgamiento, el instituyente y el sucesor instituido, formalizado en una nueva escritura pública notarial.

¿Que diferencia hay entre el testamento y el pacto sucesorio?

Como hemos indicado al principio de este artículo, el testamento y el pacto sucesorio son títulos sucesorios, o lo que es lo mismo, instrumentos jurídicos por medio de los cuales una persona ordena su sucesión hereditaria. Sin embargo, existen importantes diferencias entre ambas figuras.

El testamento es un negocio jurídico unilateral, que requiere únicamente la voluntad del testador y no precisa la intervención ni la aceptación del sucesor designado en el mismo. Por el contrario, el pacto sucesorio es un negocio jurídico bilateral, que requiere el consentimiento de ambas partes, instituyente y sucesor instituido.

El testamento es esencialmente revocable, lo que implica que el testador puede modificarlo o revocarlo íntegramente en cualquier momento durante su vida. Frente a esto, el pacto sucesorio sólo puede revocarse unilateralmente por el instituyente cuando concurren los supuestos concretos que fueron mencionados anteriormente. Fuera de esos supuestos, para dejar sin efecto el pacto sucesorio o modificar sus previsiones, es necesario que concurra el consentimiento de ambas partes.

El testamento despliega toda su eficacia jurídica a partir del fallecimiento del testador. En vida de éste, nada cambia ni se produce la transmisión de los bienes a los sucesores nombrados. En el pacto sucesorio es posible la transmisión de la titularidad de los bienes desde la fecha de su otorgamiento, sin esperar a la muerte del instituyente.

En el aspecto formal, el testamento puede otorgarse bajo diversas formas, alguna de las cuales ni siquiera requiere la intervención de un notario, mientras que el pacto sucesorio ha de otorgarse necesariamente en escritura pública notarial.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que el testamento y el pacto sucesorio no son excluyentes entre sí, de forma que una persona puede disponer de parte de sus bienes por testamento y del resto mediante pacto sucesorio. Si concurren ambos instrumentos, debe advertirse que el testamento posterior no revoca el pacto sucesorio que haya sido suscrito con anterioridad, pero el pacto sucesorio en el que se designe sucesor en bienes de la herencia sí deja sin efecto cualquier disposición testamentaria anterior sobre los bienes incluidos en el pacto.

¿Qué utilidad tienen en la actualidad?

Los pactos sucesorios han sido históricamente el instrumento jurídico por medio del cual se transmitía la casa y el patrimonio familiar vinculado a ella, en aquellos territorios con derecho civil propio diferente del Código Civil y en el marco de sociedades rurales en las que la casa era el centro de la vida económica.

Los cambios sociales y económicos operados han alterado el sentido y el significado del pacto sucesorio, pero no han eliminado su utilidad como instrumento para ordenar la sucesión hereditaria. Son dos en la actualidad los campos en los que el pacto sucesorio despliega su virtualidad. Por un lado, los acuerdos de convivencia y atención entre personas de distintas generaciones y, por otro, la ordenación de la transmisión de la empresa familiar.

La desaparición de la familia tradicional, en la que convivían varias generaciones que se prestaban cuidado y asistencia mutuos, y su sustitución por la llamada familia nuclear, plantea en muchas ocasiones  la necesidad de arbitrar fórmulas que garanticen a los mayores la atención y cuidado que necesitan. En este sentido, el pacto sucesorio permite que quien está necesitado de cuidados y quien está en condiciones y tiene voluntad de prestarlos, puedan acordar, con eficacia vinculante para ambos, los términos de esa atención a cambio de que el cuidador sea nombrado sucesor en todo o parte del patrimonio de quien recibe los cuidados. Las formulas pueden ser muy diversas y pueden incluir acuerdos de atención y convivencia en el domicilio del cuidador o en el del instituyente, solamente de atención personal, con transmisión de presente de la nuda propiedad y reserva del usufructo vitalicio por parte del instituyente, con transmisión post mortem de los bienes, etc.

El otro campo de utilización del pacto sucesorio es la transmisión de la empresa familiar. Mediante el pacto sucesorio, el titular de la empresa familiar puede elegir a la persona que como sucesor continuará al frente de la misma por reunir mejores condiciones para ello, así como establecer reglas de gestión de la empresa que garanticen su continuidad y la participación en ella de otros miembros de la familia. Por su parte, el nombrado sucesor tendrá garantizada su posición al frente de la empresa al tratarse de un acuerdo vinculante para ambos, lo que redundará en una mayor dedicación por su parte a la empresa familiar en vida del titular de la misma.

José Antonio Hebrero Hernández
Notario de Irún
   


Categorías:Familia y Herencia, Herencia

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